Las dos partes del éxito
La mitad es material, la apariencia, la experiencia, el conocimiento, el carisma, todo muy importante. La otra mitad es el espíritu, el temple, la tenacidad, la ambición.
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Existen dos clases de ejecutivos en nuestra profesión: los que hacen matrículas cuando quieren y los que hacen cuando pueden.
Personas que se levantan todas las mañanas con la seguridad absoluta de que, en ese día, van a hacer matrícula, solo no saben cuantas, a que hora o a quien, a pesar de siempre tener un plan elaborado, con entrevistas marcadas o nombres para llamar por teléfono, solo tienen una seguridad: no van a terminar el día en blanco.
El segundo grupo piensa que matricular es un acto divino, por ende, no depende de ellos. Son los que acostumbran a decir: “Hoy puedo matricular, si Dios quiere”. Este grupo quiere pensar (en el fondo ni él se lo cree) que, por más que un individuo se concentre, se esfuerce, se determine, mismo así, puede terminar el día sin matrícula.
Su lema es: “El profesional propone y la vida dispone. Como siempre digo, el talento no es todo y, por eso, en este segundo grupo, hay personas con mucho potencial. El problema es su mentalidad.
Imagínese el mejor carro de Fórmula 1 pilotado por mi y el segundo mejor carro pilotado por el campeón mundial. ¿Quién cree usted ganaría la carrera? (Gracias por la confianza...)
Obviamente, concuerdo con usted, yo sería el perdedor. Aunque tuviera el carro más potente, no tendría la capacidad de pilotarlo tan bien como un campeón. De la misma manera, un ejecutivo con capacidad, sin saber manejarse, va a ser un fracasado.
La mitad es material, la apariencia, la experiencia, el conocimiento, el carisma, todo muy importante. La otra mitad es el espíritu, el temple, la tenacidad, la ambición. ¿Qué sería de un cuerpo hermoso con un alma dañina?
Jamás depende “de que”. Siempre depende “de quien” . Históricamente, las barreras que detuvieron ejércitos fueron derrumbadas por la tenacidad de alguien que lideraba y, muchas veces, en condiciones inferiores. Esto lo vemos temporada tras temporada en nuestra empresa.
El ejecutivo que piensa que producir es cuestión de suerte, se auto prohibió de pensar. Acepta la derrota como una situación común. Es como un mal alumno de escuela que jamás estudia. Siempre tendrá notas bajas, no espera otra cosa. Obviamente, en su casa, dirá que es culpa del colegio, del profesor, de sus compañeros etc.
El punto principal es que la parte espiritual alimenta a la parte material. Una persona más tímida, con menos recursos financieros, sin experiencia en relaciones públicas, pero, que sea guerrera, valiente, optimista, con seguridad tiene el éxito asegurado.
Por eso, los derrotistas que se subestiman usan como bastón mentiras como: “Está difícil”; “No es bien así como te dicen”; “A un montón de gente le pasa lo mismo”; “No puedo obligar a nadie a que se matricule” y otras genialidades del tipo.
Sextuplicar el tamaño de la empresa en medio plazo, multiplicar la inversión en publicidad, crecimiento continuo en el exterior, negociaciones con China, producir películas en Hollywood, entre muchas cosas más, ¿Usted piensa que es por azar?
Alimente su materia con el espíritu de un guerrero, que lucha dependiendo y apostando en sus habilidades. Sabemos de los escollos y las adversidades, pero también sabemos de las ideas y las soluciones. Piénselo bien.
Miguel Goldberg
Director Nacional. En cuerpo y alma.